lunes, 13 de marzo de 2017

Julio Borges: “90% de la Fuerza Armada quiere cambio en Venezuela”


El presidente de la Asamblea Nacional lo afirma tajantemente. “Estamos abiertamente en una dictadura”, sostiene el diputado Julio Borges, coordinador de Primero Justicia y uno de los dirigentes más destacados de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

A pesar de la grave crisis social que enfrenta Venezuela, la calle está tranquila. Demasiado fría. El jefe del Parlamento opina que la desmovilización de los ciudadanos responde más al miedo a la represión que al desánimo colectivo. “Uno de nuestros retos es hacer que la gente venza el miedo”, reconoce Borges, quien está convencido de que el presidente Nicolás Maduro no ganará esta pelea por la democracia en el país.

“Veamos cómo terminan los dictadores, o derrocados o presos, o la gente poniéndole fin a gobiernos de este tipo, nunca tienen un final feliz y ese va a ser el caso de la dictadura que estamos viviendo hoy”, sentencia el líder del Poder Legislativo venezolano.

-¿Cómo se puede desarrollar una gestión con una AN que está totalmente maniatada por el resto de los poderes públicos?
-Es verdad que todos estamos sometidos por un Gobierno totalmente fuera de la Constitución. El Gobierno quiere dar una imagen de fuerza, pero al final es un Gobierno débil, no tiene pueblo, no tiene autoridad, no tiene rumbo, no tiene liderazgo, no tiene contenido político, y lo único que le queda es la fuerza bruta para tratar de imponer el miedo o negar los derechos constitucionales. Lo que nos toca es hacer la resistencia para imponer el cambio.

- El presidente Maduro declaró que buscaría una fórmula para “regularizar” a la AN y encargó de esa tarea al alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez. ¿Avanza el diálogo para normalizar la situación del Parlamento?
-El problema del Parlamento no es un problema legal. Es un problema político, un Gobierno que desconoce una AN que fue electa por 14 millones de venezolanos. ¿Qué estamos haciendo nosotros? Lo que nos toca, denunciar fuera de Venezuela, estamos construyendo la fuerza de todos los parlamentos de la región para apoyar a la democracia en Venezuela. Estamos sesionando en la calle, aprobando proyectos como la Ley de Barrios, que le va a dar la propiedad a casi 2 millones de familias venezolanas, que son dueñas de sus casas pero no de la tierra. Creemos en democratizar la propiedad para el pueblo venezolano. También seguimos haciendo las investigaciones de corrupción, el caso del vicepresidente Tareck El Aissami está siendo investigado por la AN. Y seguimos legislando para que apenas haya un cambio, todas esas leyes que hemos hecho nosotros sean una realidad. Falta que el país vuelva a tomar fuerza, a ponerse de pie y seguir luchando en la calle, en la Asamblea, en los medios, para que el destino final sea el voto.

-¿Acaso el enfriamiento de la calle no es culpa de la Unidad?
-El Gobierno quiere ganar a punta de desmoralizar y meterle miedo al país. Nuestra labor es tener el testimonio y la fuerza para que esa energía no se desinfle, para que la energía del pueblo se vuelva a poner de pie y que las ganas de libertad y de cambio venzan al miedo y la desmoralización.

-El proceso de diálogo iniciado a finales de 2016 terminó por desmovilizar a la base opositora. ¿Continúan esas conversaciones con el chavismo?
-Cero. Maduro dice por televisión que le da a Jorge Rodríguez el mandato de regularizar lo de la AN. ¿Qué demuestra eso? Que es un tema político, no es legal. Segundo punto, no ha habido ninguna propuesta concreta del Gobierno en ese sentido, no ha habido ni un tocar la puerta ni decir qué proponen. Nunca hubo la reunión que plantearon entre los distintos jefes de fracción de la AN, nunca le dieron importancia a esa reunión. El Gobierno no tiene voluntad porque un Gobierno tan frágil no aguanta una AN a full capacidad, no aguanta unas elecciones, no aguanta al pueblo en la calle. Tenemos que retomar la fuerza y no dejarnos atropellar por la sensación del Gobierno fuerte. El Gobierno es apoyado por una facción muy pequeña de la Fuerza Armada, pero la inmensa mayoría de los oficiales de la FAN está en contra de lo que está pasando.

-A diferencia de su predecesor en el cargo, Henry Ramos Allup, usted evita el discurso de la confrontación con la FAN y busca tender puentes con los militares. ¿Ese mensaje encontrará receptividad en los cuarteles?
-Lo que creo es que no se puede generalizar, no todos los militares están tomados por el Gobierno. La FAN es un espejo del país, si en Venezuela hay 90% que quiere cambio, en la FAN el 90% de los oficiales quiere cambio. Si tú pudieras hacer que libremente se exprese la FAN, a través del voto que es un derecho constitucional, estoy seguro de que la FAN votaría en contra de Maduro y por un cambio que respete a la institución. Cuando nosotros seamos gobierno, vamos a revisar la actuación persona por persona, caso por caso, de quienes han estado metidos en corrupción, droga, crimen organizado, a diferencia de quienes han cumplido con la Constitución y quieren un país democrático. Hay un grupo en la cúpula de la FAN que ha decidido ser parte del Gobierno en contra de la propia institución y de la Constitución venezolana.

-¿Cómo se derrota a una narcodictadura?
-Sí es posible vencer democráticamente, con la fuerza de la gente, a un régimen que no es democrático. Este Gobierno tiene el alma corrompida por el narcotráfico, por el terrorismo, por la corrupción. Un Gobierno que no tiene liderazgo, a Chávez lo disolvieron quienes están hoy en el poder y dejaron esa figura en la carraplana, no tienen ningún tipo de gobernabilidad, no tienen plan, lo que les queda es la fuerza bruta. Este Gobierno es tan débil que no aguanta una elección, nosotros ganamos abrumadoramente la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, y este es un Gobierno que tiene que entregarse a una elección general. Este Gobierno no aguanta el juicio popular. El hecho de que tengamos elecciones de gobernadores y alcaldes no significa renunciar a que tengamos que ir a unas elecciones generales.

-¿Cómo lograr que el Gobierno admita esa elección que le puede costar la vida?
-Tenemos que lograr la presión internacional que estamos construyendo. Hay un cambio brutal internacionalmente, Estados Unidos tiene una visión clara sobre presionar para un cambio democrático en el país, pero igual está Argentina, Colombia, Brasil, Perú, el Ecuador que puede estar por venir. Venezuela unánimemente en la región es visto como un país enfermo, Venezuela se convirtió en una enfermedad contagiosa que está dañando la estabilidad de los otros países. Esa presión internacional tiene que unirse a una presión interna para que el desenlace sean unas elecciones y que el pueblo decida el futuro del país.

-Esa presión interna exige una Unidad sólida. Sin embargo, en los últimos tiempos la MUD ha sido más noticia por sus desencuentros que por sus coincidencias. ¿Cómo evitar que las aspiraciones presidenciales y las luchas intestinas frustren el objetivo común de conquistar el cambio?
-Los llamados precandidatos presidenciales tiene que entender que si ellos no son artífices de la unidad, aquí no va a haber entonces oportunidad para que haya un cambio. Si quieren ser gobierno, tiene que ser facilitadores de una unidad real. La Unidad debe testimoniar en la calle que está unida, presentar un cronograma claro de eventos, por ejemplo, ir a primarias para escoger ya a los candidatos a gobernadores, alcaldes y hasta al candidato presidencial. Tiene que convocar a la gente a protestar por lo social, tienen que ponerse de acuerdo quienes quieran ser Presidente en generar, por encima de las apetencias personales, un plan único para lograr mostrar una unidad sólida. Mostrar ideas claras y soluciones claras, que las tenemos, para demostrar fehacientemente que estamos preparados para gobernar y sacar a Venezuela del caos donde está metida.

Entrevista publicada en Diario Las Américas

martes, 3 de enero de 2017

Henry Ramos Allup, del daguerrotipo al selfie


Todas quieren una foto con el "experimentado" dirigente adeco
Dice que preferiría olvidarlo, pero es imposible. Básicamente, porque lo recuerda todo. Hasta los grabados que decoraban el techo de su casa de infancia en Valencia, y una extraña lesión en la piel que sufrió cuando prácticamente era un recién nacido. Es una virtud. Pero también un defecto. Henry Ramos Allup tiene una excelente memoria.

En 1999, todo era ruina. Escombros. Ramos Allup lo cuenta y lo vuelve a vivir. Le duele. Da nombres, imita gestos, repite desprecios. Acción Democrática había muerto. O eso creían. Y así lo trataban. La vieja guardia huía en desbandada. “Compañeros” que prosperaron gracias al partido, ahora le daban la espalda. “En este momento no puedo”. “Te agradezco que no me llames”. Teléfonos colgados. Nadie nunca había sido adeco.

Ramos Allup trapeaba todos los días su oficina. En el suelo estaban tirados 58 años de historia. “Una vecina me prestaba dos tobos de agua, yo me recogía el ruedo de los pantalones y pasaba coleto”, describe. Así comenzaba la jornada el secretario general. La sede de AD en La Florida se caía. Como el partido. Las filtraciones agrietaban las paredes. Consiguieron el esqueleto de una bicicleta escondido en el tanque de agua. Y algunos cadáveres en el armario. “No había para pagar la nómina”. Quiebra total.

Ahora, la historia es distinta. Ramos Allup acaba de llegar a Maturín en el primer vuelo de este jueves 17 de noviembre. Apenas baja del avión, observa un afiche con los rostros de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Bienvenido. Los adecos tomaron desde temprano el terminal y reciben a su líder con una versión tropical del himno del partido. Un “¡Adelante a luchar milicianos!” bailable, con el permiso del poeta Andrés Eloy Blanco y el maestro Inocente Carreño.

“Aquí a nosotros nos rayaron la casa y mientras la recuperábamos, nos gritaban: ¡recojan los vidrios!”, añade al memorial de agravios Sandra Alfaro, secretaria general de AD en Monagas. Alfaro es una señora de firmes convicciones y curvas pronunciadas. En 2012, le sugirió a su jefe que se lanzara a la Presidencia de la República. Ramos Allup, sosegado, le respondió que la gente no quería viejos. Cuatro años después, Alfaro sonríe.

La gira comienza con un desayuno en el mercado de Maturín. Cochino, arepa, café. Y tres jaladas a un cigarrito. “¡Ramos Allup, saca a Maduro!”, exclama un gordito. Un puñado de chavistas trata de sabotear la visita, pero fracasan en el intento. El presidente de la Asamblea Nacional estrecha manos y reparte abrazos, mientras la gente se concentra a su alrededor. Una mujer lo ve y se le aguan los ojos. La mayoría grita y aplaude. Hace calor. La visita es breve. Un flaco se acerca, saluda y casi se birla un plato de empanadas. Lo atajan y le advierten que es para los periodistas. Se perdió un voto.

Una sola palabra

Dependiendo del lugar y la audiencia, el diputado ajusta los registros de su discurso. Pero el contenido es el mismo. No escurre el bulto. Destaca aciertos. Reconoce errores. En las asambleas se preocupa por despejar todas las dudas. “¿Respondida tu pregunta?”, cierra cada intervención. Le contestan que sí y continúa. “Uno prefiere decir la verdad, estos son procesos muy difíciles”, admite en la noche ante empresarios y representantes de gremios.

En la calle, una mujer lo toma por los brazos y lo interpela sin rodeos: “¿Cuándo salimos de estos coños de madre?”. Esa misma interrogante se la plantearán unas cien veces en menos de 72 horas. Antes de abordar la cuestión, acota que solo es un ser humano. Que quisiera anunciar que será este sábado a las 4:28 de la tarde, pero no puede. Que no hay soluciones fáciles ni rápidas. Que hay que resistir. Luchar. Que en el peor de los casos, el presidente Maduro culminará su mandato en 2018. Si no corta alas, al menos aterriza a la gente de un solo golpe. Uno de sus acompañantes comentará posteriormente que, a veces, le falta “vender más ilusión, más esperanza”. La verdad tiene eso. Es amarga.

A Ramos Allup lo arropa toda la Unidad en Monagas. Eso quiere decir que a su lado se sientan dirigentes que están de acuerdo en la mitad de las cosas y difieren en la otra mitad. A todos trata con deferencia. Reivindica la importancia de buscar una salida negociada, pero respeta la decisión de quienes no participan en los contactos con el chavismo. Cede el micrófono al segundo vicepresidente de la AN, Simón Calzadilla, ardoroso defensor del diálogo, y después oye con atención a los voceros de Vente Venezuela y Voluntad Popular. Celebra sendos mítines escoltado por el ex gobernador y candidato adeco en Monagas, Luis Eduardo Martínez, y envía una palabra de aliento a ese “perseguido político” que es el ex gobernador chavista José Gregorio “Gato” Briceño.

La agenda en Maturín incluye una reunión en la catedral con monseñor Enrique Pérez Lavado. “Yo soy uno de los pocos adecos católicos practicantes”, confiesa Ramos Allup antes de solicitarle al obispo que le bendiga una imagen de san Benito que carga en el pecho. Alfaro aprovecha la ocasión para pedirle al prelado que también le bendiga la lengua, aunque después se arrepiente. “No hace falta”.

El parlamentario esconde una daga detrás de los dientes. En las concentraciones, comienza apelando a un tono casi pedagógico para explicar la coyuntura nacional. Y luego se suelta. “Mapleto”. “Babieco”. “Bobo”. “Vago”. “Mal entretenido”. Raja por todos lados a Maduro. El culto a Chávez no es con él. “Demonio”. “Satanás”. “No puede estar descansando en paz”. “Se achicharra en la quinta paila del infierno”. Tras cada insulto, la audiencia ruge.


"¡Henry, un selfie!", le grita el muchacho. El secretario general de AD no dice güisqui

Todo cambia

Henry Lisandro Ramos Allup nació en Valencia, estado Carabobo, el 17 de octubre de 1943. Hasta hace muy poco era viejo. Ahora es experimentado. “La experiencia es una ventaja”, afirma Omar Landaeta, docente de 27 años. Gladimar Gómez, una técnico superior en administración tributaria de 20 años, piensa lo mismo. “La experiencia es necesaria para afrontar las decisiones políticas”. “Henry es un hombre muy experimentado”, coincide Johana López, una universitaria de 24 años. El tiempo pasa. Las percepciones cambian.

El sábado 19 de noviembre, el presidente de la AN encabeza dos actos en Monagas. Temprano, habla con jóvenes en la capital del estado. En la tarde, se traslada a Aragua de Maturín, digno representante de esa confederación de pueblos venezolanos que se niegan a morir. Después del almuerzo, un militante adeco lo abraza y augura que llegará a la primera magistratura nacional. “Por de pronto, antes de Miraflores, quiero entrar al baño”, desliza Ramos Allup. Cumplido el compromiso, se monta en la tarima.

La calle principal está llena. “El hombre está haciendo un buen papel, nos ha abierto los ojos”, apunta Neptalí Ramos, un chofer de 57 años. “Está peleando contra un monstruo de cuatro cabezas, el pueblo tiene que ayudarlo”, observa. La música suena a todo volumen. Los vecinos ondean sus banderas. El sol se acuesta lentamente. “Es algo hermoso, todavía quedan adecos”, se sorprende Mercedes Lara, una madre desempleada de 53 años. Tiene tres hijos y el único que trabaja vende periódicos. “Paso más hambre que ratón en caja de clavos”, ironiza. Lara vino a escuchar a Ramos Allup “porque me gustaría que fuera el próximo Presidente, así le pegue cachos a mi papi Capriles”.

En Aragua de Maturín, el secretario general de AD llama a la gente a apoyar al liderazgo opositor en su lucha contra el régimen chavista. Compara el fervor popular con el combustible. “Si tiene gasolina, un cacharro viejo llega más lejos que un carro moderno sin gasolina”, coteja, mientras pisa el acelerador.


Tras años en la penumbra, ahora todas las cámaras -y los teléfonos- apuntan al diputado

Para el recuerdo

Hasta no hace mucho, nadie deseaba retratarse con él. Pero ahora, todo el mundo quiere una foto con Ramos Allup. O, mejor dicho, un selfie. “Mi marido jura que usted es el Messi de la política”, lo aborda una dama, teléfono en mano. Y detrás de ella viene un barbudo. Tres señoras. Un enjambre de estudiantes. Una mujer embarazada. Un calvo y un greñudo. Dos parejas jóvenes. Seis maracuchos. Un tipo con la camisa del Caracas. Y una familia entera que, tras revisar la imagen grupal, quiere una para cada uno.

Entre foto y foto, Ramos Allup comparte alguna anécdota. “Mi abuela materna aconsejaba a sus hijas: ‘primero casa, después enamora’. Todas le hicieron caso salvo la menor, que fue la que terminó divorciada y pobre”. Recorre la Valencia de su infancia. Relata que pospuso su luna de miel porque debió saldar la deuda de una oficina del expresidente Pérez. Diserta sobre la correcta preparación del asado negro. Se apasiona hablando de la cocina. Aclara que no le gusta el pescado de río. Y recuerda que en 2000 encabezó una asamblea en el barrio Los Erasos donde participaron alrededor de cinco personas y un perro macilento.

“¡Henry, un selfie!”, le pide una rubia y su esposo. Y tres muchachas. Y un comerciante. Y el nieto de un viejo adeco. Claro, faltaba más. El presidente de la AN no abraza. Apurruña. La imagen queda perfecta. Parecen amigos de toda la vida. Aunque no siempre sonría. Las últimas fotos son en el aeropuerto de Maturín. La gira en Monagas concluye este domingo 20 de noviembre. Llega la hora de retornar a Caracas. Antes de que el avión despegue, vuela una pregunta:
-          ¿Presidente, en qué ha cambiado usted para que la gente lo quiera ahora?
-          ¿Yo? Yo no he cambiado, ha cambiado la gente conmigo.

Nota publicada en Clímax

"¡Sí hay futuro!", exclama Ramos Allup, figura del pasado que vuelve a estar presente

domingo, 5 de junio de 2016

El peluquero de María Gabriela Chávez forma parte del cuerpo diplomático venezolano


María Gabriela Chávez junto al embajador Rafael Ramírez en Naciones Unidas. Crédito: Cara Anna/AP

El aspecto de un embajador dice mucho de su país. Es necesario, entonces, que los diplomáticos cuiden siempre la imagen que proyectan. Quizás por esa razón, María Gabriela Chávez, hija del difunto presidente Hugo Chávez y representante permanente alterna de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), incluyó a su estilista en el servicio exterior de la República Bolivariana.

El estilista lleva por nombre Eibar Jesús Caraballo Morín. Por sus manos han pasado la miss Universo 2013, María Gabriela Isler, la animadora Dayra Lambis, miss Venezuela 2002, Mariángel Ruiz, la presentadora Daniela Kosán, la última promoción de las famosas chicas Polar y, también, María Gabriela Chávez, entre otras.

El 21 de febrero de 2013, María Gabriela Chávez – quien defiende los intereses patrios en Nueva York desde agosto de 2014- publicó en su cuenta en Twitter (@Maby80) una foto de ella que generó cierto revuelo en las redes sociales, pues algunos consideraron que exhibía un look propio de una modelo o figura del espectáculo. La hija del comandante acompañó la gráfica con el siguiente mensaje: “Gracias al excelente trabajo de @eibarmakeup ahora dicen que me operé la nariz. Gracias mi bichi. Te quiero”.

El dueño de la cuenta @eibarmakeup es Caraballo Morín, quien le respondió por esa misma vía: “@Maby80 jajajajajajajaja. Ya no encuentran qué inventar. Yo también te quiero mi bichi Hermosa”.
Caraballo Morín ingresó oficialmente al Ministerio de Relaciones Exteriores el 27 de marzo de 2015, según consta en la página del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). De acuerdo con este registro oficial, su último salario es de 2.671,80 bolívares.

¿Cómo este destacado profesional del maquillaje terminó incorporándose a la Cancillería venezolana y en qué consisten sus funciones junto con la embajadora Chávez en Nueva York? Esta interrogante se le planteó a través de Facebook a Caraballo Morín, quien se limitó a contestar: “No tengo nada que hablar al respecto. Espero no ser grosero, pero es un tema que ya cerré y del que no quiero hablar por ahora. Lo que sí adelanto es que ya yo no trabajo con nadie adicto (sic) al Gobierno”. Sin embargo, su estatus en el IVSS es de trabajador “activo” en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Familia global

El sobrino del magistrado Calixto Ortega está al frente del Consulado de Venezuela en Nueva York. Crédito: Albaciudad.org


Pocos diplomáticos de carrera, muchos personajes de confianza. Así está compuesto el servicio exterior venezolano, lamentan funcionarios de Casa Amarilla que se ven desplazados por ex diputados oficialistas, antiguos ministros y militares retirados.

No obstante, las fuentes consultadas advierten la agudización de otra “desviación” del sistema. El personal que se ha formado en Cancillería no solo resulta afectado por la extendida cuota política de la revolución, sino que también sufre el ascenso de los familiares de dirigentes emblemáticos del chavismo.

El cónsul de Venezuela en Nueva York es Calixto Ortega. Que se llame igual que el magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia no es casualidad. Se traja del sobrino del también ex parlamentario oficialista. La diferencia solo está en el segundo apellido. El juez es Ríos, el funcionario del Gobierno es Sánchez.

Rosalba Gil Pacheco, esposa del legislador Darío Vivas (PSUV-Vargas), está al frente del Consulado en Boston. Gil Pacheco, quien se desempeñó como directora de Protocolo en la Asamblea Nacional, fue objeto de una inhabilitación dictada por el difunto contralor Clodosbaldo Russián el 24 de enero de 2007, debido a presuntas irregularidades administrativas durante su gestión como secretaria del Cabildo Metropolitano. Por cierto, Yadira Russián, hija del antiguo contralor, es cónsul en Oporto.

El gobernador del estado Zulia, Francisco Arias Cárdenas, tiene a su hermano Sergio Ramón encargado del Consulado en Cúcuta, al tiempo que su hijo Jesús Javier Arias Fuenmayor ejerce como embajador en Costa Rica.

Glenna Cabello, ministra consejera de la embajada de Venezuela en Francia, es hermana del primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, mismo parentesco que comparten el gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami, y la jefa de la legación criolla ante el Reino de los Países Bajos, Haifa Aissami.

La cónsul general de segunda en Hamburgo, Rebeca Ortega Suárez, es sobrina de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz; la ministro consejero Laura Medina, hija del ex canciller Alí Rodríguez Araque, cumple funciones en la embajada de Alemania; y María Marcela Khan Fernández, ministro consejero en Roma, es hermana del “chino” José Khan, quien ha sido diputado, titular de Industrias Básicas y Minería, presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y de la Corporación Venezolana de Minería, miembro del directorio del Banco Central de Venezuela (BCV) y hasta jefe de la extinta Comisión de Administración de Divisas (Cadivi).

Sofía Teresita Maniglia Meléndez, hija de los almirantes Orlando Maniglia y Carmen Meléndez, ingresó a Cancillería en enero de 2014 y desde esa fecha se desempeña en la delegación de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) en París. En lo que sería una versión bolivariana del eje franco-alemán, mientras la joven de 27 años está en la capital gala, su progenitor representa a la nación en Berlín.

Otra dupla padre-hijo en el servicio exterior venezolano está desplegada en América Latina. El cónsul en La Habana, Julio Marcelino Chirino, tiene a su vástago Julio Ramón Chirino como embajador en Montevideo.

La periodista Marianella Salazar reveló en 2006 que Yolanda Adela Rojas Urbina y Angiolina Michelena, ex esposas del antiguo fiscal general y actual embajador en Italia, Isaías Rodríguez, ocupaban cargos diplomáticos en España y China, respectivamente. Una década más tarde, Rojas Urbina permanece en el Consulado de Bilbao.

La revolución bolivariana está casada con la “patria grande” y las relaciones con esta zona del mundo son un tema conyugal. El viceministro para América Latina y el Caribe, Alexander Gabriel Yánez Deleuze, incluyó en ese despacho a su esposa Marisela Rojas para coordinar los vínculos con Suramérica.

De todo


El exministro Orlando Maniglia está en Berlín y su hija en París.


El PSUV cuenta con una “bancada” en el servicio exterior. Los ex diputados rojos Alfredo Murga (Paraguay), Hayden Pirela (Dominica), Filinto Durán (Honduras), José Francisco Javier Arrúe (Nicaragua), Alberto Castellar (Brasil), Imad Saab Saab (Siria) y Mario Isea (España) figuran entre quienes cambiaron su curul por una embajada. Por su parte, Ricardo Capella  representó al estado Yaracuy en la Asamblea Nacional y ahora es cónsul en Barcelona, España. Además, es hermano del exministro de Salud, Roger Capella.

Iván Zerpa no fue legislador, pero tuvo una larga experiencia como secretario de la Cámara, siempre al lado del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Zerpa está de embajador en China y es el padre de Simón Zerpa, quien ha dirigido el Fondo Chino, el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden), el Banco de Desarrollo Económico y Social (Bandes) y es viceministro de Inversión para el Desarrollo.

Si –como repite incesantemente el chavismo – la República Bolivariana es víctima de una ofensiva internacional, tres ex ministros de la Defensa ya tomaron sus puestos de combate: el citado Maniglia, Lucas Rincón (Portugal) y Diego Molero Bellavia (Perú). En el pelotón también resaltan Jesse Chacón Escamillo (Austria), Jorge Luis Durán Centeno (Panamá), Alí de Jesús Uzcátegui Duque (República Dominicana), Wilmer Barrientos (Canadá), Carlos Eduardo Martínez (Argentina) y Arévalo Méndez (Chile).

El expresidente del Tribunal Supremo de Justicia, Iván Rincón Urdaneta (Colombia), el antiguo defensor del pueblo, Germán Mundaraín (Vaticano), y los ex ministros Yuri Pimentel (San Vicente y las Granadinas), María Urbaneja (México) y Nora Uribe (El Salvador) continúan luchando a la distancia para demostrar que, pese a colas, escasez e inflación, el modelo socialista no fracasó.

Corrección: En la primera versión de este trabajo se indicó que el cónsul en Nueva York, Calixto Ortega Sánchez, es hijo del magistrado Calixto Ortega Ríos, pero en realidad es su sobrino.

Nota publicada en El Estímulo

martes, 17 de mayo de 2016

Capriles Radonski: "Maduro tiene que irse por la puerta de atrás, con la revocatoria de su mandato"



El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, advierte que el video que corre por las redes sociales que muestra la agresión de la que fue víctima el miércoles 11 de mayo en las calles de Caracas, está incompleto. “Esa fue la primera oportunidad, pero en total a mí me echaron gas en la cara tres veces ese día”, comenta el dirigente de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Luego del último ataque, perpetrado por funcionarios policiales que impedían el paso de la marcha que encabezaba con destino al Consejo Nacional Electoral (CNE) en el centro de la ciudad, Capriles Radonski confiesa que por un momento temió haberse quedado ciego. “No veía absolutamente nada”, relata. Sin embargo, a la media hora pasaron los efectos del gas pimienta y recuperó la visión.

Con los ojos despejados y bien abiertos, el excandidato presidencial señala que en este momento solo tiene en la mira un objetivo: la celebración, este mismo año, de un referendo revocatorio para echar del poder al mandatario venezolano, Nicolás Maduro.

- Está claro que el referendo revocatorio no es un asunto de días hábiles y reglamentos, sino de voluntad política. ¿Tiene la Unidad Democrática la fuerza suficiente para ejercer presión y quebrar la resistencia del Gobierno?
- También es de cumplimiento de unos requisitos. El revocatorio está en la Constitución. El revocatorio se podrá realizar si el país lo impone, no solamente la Unidad. El 70% de los venezolanos quiere revocatorio, porque queremos una solución a la crisis que estamos viviendo. Pero ese 70% tiene que movilizarse, porque el Gobierno no quiere y el CNE se está inventando requisitos para que no haya revocatorio. Yo sí creo que el revocatorio será este año, tiene que ser este año. Una cosa es que el Gobierno no quiera y otra cosa es que los venezolanos decidan que sí quieren. Sí, vamos a tener que sortear más obstáculos, ya empezaron a dilatar, la “operación morrocoy”, pero igual pasó el 6 de diciembre, cuando el Gobierno decía que ganaría las elecciones parlamentarias “como sea” y perdieron por paliza.

- Para llegar a la primera planilla –que, en teoría, es el procedimiento más sencillo- diputados tuvieron que encadenarse en el CNE, y hubo agresiones y heridos. Avanzar en este camino puede costar encarcelamientos y hasta muertes. ¿La oposición está dispuesta a correr esos riegos?
- Estamos llevando todo este proceso con una altísima responsabilidad. Nosotros no somos golpistas, los golpes los dan los militares. Nosotros somos demócratas, luchamos con la Constitución y la movilización del pueblo. Si el Gobierno pretende matar, la responsabilidad será del Gobierno. Este es un Gobierno dispuesto a cualquier cosa. La responsabilidad penal es personalísima. Si nosotros estamos pidiendo elecciones, no es culpa nuestra. No es que nosotros nos estamos saliendo de la Constitución, estamos buscando un atajo y el Gobierno tiene que tomar medidas. No, el Gobierno se está saliendo de la Constitución y las leyes, y si lo hace ellos serán los responsables y tendrán que pagar por los crímenes que cometan.

- Qué responde a quienes señalan que como la oposición no pude hacer respetar su triunfo en la AN, ahora está corriendo la arruga hacia un nuevo proceso electoral. ¿Qué garantiza que ahora sí sabrán defender la voluntad popular?
- Hay gente que pide a la oposición algo que no es la oposición. La oposición no tiene tanques de guerra, fusiles, armas. Ni las tiene ni las vamos a tomar porque nosotros no somos esos, somos unos demócratas que frente al tiempo histórico que vive el país nos hemos planteado derrotar democráticamente a un Gobierno que no es democrático. Para poder lograrlo, se necesita la unión. Entonces, ¿que nos ha faltado movilización y reaccionar frente a lo que está pasando con la AN? Sí, y eso es una autocrítica. No es un problema solamente de los diputados, es un problema de todos los venezolanos que elegimos esa AN. Esa AN tenemos que acompañarla, defenderla. El revocatorio ayudará a que efectivamente el país pueda empezar a tener instituciones, que la AN pueda hacer su trabajo. Lo que le falta al Tribunal Suprema de Justicia es declarar inconstitucional la Constitución. En cuatro meses que lleva la AN, ha dictado 14 sentencias en su contra. ¿Qué hacemos frente a eso? Allí está el revocatorio, vamos a tener que hacer que el Ejecutivo termine de cambiar. Si se logra el revocatorio, cambiará el Ejecutivo, tendremos un nuevo Gobierno y empezarán a cambiar los poderes en nuestro país.

- Parece imposible alcanzar una solución política si no hay diálogo entre las partes. ¿Existe algún diálogo tras bastidores o, al menos, la posibilidad de que se inicie ese proceso?
- Aquí nunca ha habido un proceso de diálogo, porque el Gobierno pretende convertir el proceso de diálogo en que tenemos que hacer lo que ellos quieren. O te la calas o te la calas. Eso no es un diálogo. El diálogo pasa por respetar la Constitución, las leyes de la República, la AN, que no haya presos políticos. Aquí no ha habido diálogo ni público ni tras bastidores.

- Hace un par de semanas corrieron rumores sobre un posible diálogo…
- ¿Con la iglesia?

- Sí.
- Ojalá.

- ¿Ha avanzado?
- Que yo sepa, en nada. Ojalá se avanzara. Así como 70% de los venezolanos quiere revocatorio, 70% de los venezolanos también quiere diálogo. Uno no excluye al otro. Si tú me preguntas en qué debería existir el diálogo hoy, respondo, vamos a revocatorio. Me dices, viene la Iglesia. Punto único de la agenda: revocatorio este año. Porque la solución a la crisis en Venezuela es consultando al pueblo. Venezuela no tiene futuro con Maduro.

- Luego de la carta que envió el papa Francisco al presidente Maduro, ¿cómo interpreta y qué espera de la visita del canciller del Vaticano, monseñor Paul Richard Gallagher, a Venezuela este 24 de mayo?
- Que ayude en ese proceso. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) va a cambiar, está cantado. El presidente Ernesto Samper (secretario general de Unasur) o corre o se encarama, tendrá que ver cómo asumirá la nueva realidad política en la región. Ya se acabó la complicidad, el hacerse la vista gorda frente a los atropellos, Unasur guardando total silencio. ¿Qué le pedimos a Unasur? Revocatorio. Qué le pedí yo a Luis Almagro (secretario general de la Organización de Estados Americanos), cuando conversé con él en estos días por teléfono: la solución de Venezuela está en la Constitución, artículo 72, queremos revocatorio. Nos pidieron 195 mil firmas para iniciar el proceso, recogimos 2,6 millones. Las entregamos en horas Allí tienen todo. No quieren revocatorio, no quieren salida democrática. 
¿Qué quieren, entonces, un golpe de Estado, un estallido social? No lo queremos nosotros. Viene el enviado del Papa. ¿Qué le vamos a pedir? Revocatorio. Que el Gobierno destranque y que entienda que tiene que someterse a un proceso electoral. Fíjate cómo son las cosas. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff en todo este proceso pide consulta al pueblo. ¿Qué pide Maduro? No le consulten al pueblo. Para que veamos las contradicciones, las diferencias. Aquí queremos que le consulten al pueblo, que es lo que dice la Constitución. No estamos pidiendo más nada.

-¿Y la renuncia?
- Cualquier venezolano le puede pedir la renuncia a Maduro, pero es su derecho. Él es el que decide, la renuncia es un acto voluntario. Yo no le estoy pidiendo a él algo que dependa de él. El revocatorio es una opción para el pueblo, para él –una vez activado- es una obligación. No puede obstaculizarlo, eso está en la Constitución. Si él tranca esa vía, qué viene después, qué ocurre en una situación de tensión como la que vive el país. Venezuela es una bomba que puede explotar. Esa es la realidad que se vive en las calles de nuestro país, una tensión social que todos los días crece. El revocatorio significará que las tensiones en el país bajen, esperando un proceso electoral donde el pueblo con su madurez política buscará una solución. Esa solución permitirá elegir un nuevo Gobierno para generar confianza en el país, y vamos a empezar el proceso de recuperación económica de Venezuela.

Capriles Radonski fue agredido con gas pimienta en la marcha del 11 de mayo. Foto:AP


- Usted dice que lo peor que puede pasar es un estallido social o un golpe militar; sin embargo, esas pueden ser las cartas que juegue el Gobierno del presidente Maduro, consciente del control que tiene sobre la Fuerza Armada Nacional (FAN). ¿Cómo evitar esos escenarios?
- La gran pregunta sería: ¿el país acompañaría un golpe del Gobierno, estaría dispuesto a aceptar un autogolpe? Pienso que no. El revocatorio busca evitar cualquiera de esos escenarios. La FAN está muy dividida, fragmentada, no es verdad que está cohesionada, compacta, imposible que lo esté frente a la crisis que vive el país. A veces, la imagen que se hace la gente de la FAN es lo que ve en la cúpula militar corrupta que forma parte de la cúpula del Gobierno, entonces, los ven con discursos muy maduristas, muy gobierneros. Hay gente que se deja llevar por ese discurso de ese enchufado de la cúpula y cree que toda la FAN es así, pero no es así. 
El Gobierno puede pasearse por esos escenarios, la pregunta es si tiene la fuerza para lograrlo. Pienso que no, ni el país lo acompañaría. Quizás el Gobierno juega al estallido porque cree que en ese escenario, distinto al golpe, puede estar en una posición privilegiada para administrar el estallido y con ello colocarse en una posición de control absoluto del país, mientras deja a un lado cualquier tipo de proceso electoral porque hay un escenario de conmoción y revuelta. Creo que jugar a eso es muy peligroso porque un estallido social barre todo, incluyéndolos a ellos. El Gobierno subestima la situación social del país, cree que Maduro puede seguir saliendo en cadena diciendo tres estupideces y que esto puede mantenerse así. También difiero de eso. El país es una bomba, si estalla, nos estalla a todos. ¿Qué debemos hacer? Evitar que estalle. ¿Cómo lo evitamos? Referendo.

- El tuit que envió el encarcelado líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, reconociendo su esfuerzo por el revocatorio, ¿puede interpretarse como una especie de tregua luego de las diferencias públicas que han sostenido?
- Nunca ha habido algo como para una tregua. Hemos tenido posiciones distintas y eso es normal. La gente no tiene que asustarse porque haya diferencias. Lo importante es que las diferencias siempre se resuelvan con debate, propuestas, no que terminen en un tema de guerra sucia entre grupos. Eso sería ponernos de espaldas al país. Aquí se necesita el esfuerzo de todos, de Leopoldo López, del alcalde Ledezma, de Rosales, son 70 presos políticos que hay en el país. El revocatorio no es mío, le pertenece al pueblo venezolano. 
¿Que yo fui el proponente? Aquí nadie está buscando un premio para ver quién lo propuso primero. Las agendas individuales hay que ponerlas a un lado. Este no es el momento, aquí no estamos decidiendo quién será candidato, ni el Presidente de la República. Aquí estamos decidiendo si Venezuela sigue en esta situación o si cambiamos a Venezuela. ¿Quién va a ser después? No tengo duda de que la Unidad tendrá cómo resolver eso. Hay sectores interesados siempre en generar intrigas, rencillas que no existen. Las diferencias y las coincidencias se conocen. No hay forma de lograr un cambio en Venezuela que no incluya a los pobres. Allí es donde he puesto todo mi trabajo y esfuerzo. Hay gente en la oposición que no lo ve así, que no le gusta meterse para los barrios. Para mí, allí es donde está el reto más grande que tiene este país en las próximas décadas, que es cómo Venezuela reduce la pobreza.

- Usted propuso el revocatorio. Si gana, seguro se colocará en una buena posición para liderar el país. Pero si fracasa…
- No es un cálculo individual. En las luchas, en la vida, se gana y se pierde. Si logramos el revocatorio, lo ganamos. El revocatorio es una victoria del pueblo, eso lo sabe el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), por eso ellos no quieren revocatorio. El PSUV prefiere irse del poder por un golpe, por algo que pase. Maduro preferiría irse por un golpe, por eso juega a trancar la vía popular, porque sabe que la vía popular es un adiós para siempre. Maduro tiene que irse por la puerta de atrás, no podemos dejar que se victimice, tiene que irse por la puerta de atrás, que es la revocatoria de su mandato. Mi proyecto no es yoísta, personalista. Creo que la clave de lo que viene en Venezuela es desmontar ese personalismo, ese yoísmo, y tener un proyecto colectivo, el proyecto y el Gobierno de todos. Esa es la clave, no el caudillo y la reverencia. Dentro de la oposición también hay de eso y no lo comparto. La clave en la vida es que si usted pierde, debe saber levantarse. A mí me ha tocado caerme y levantarme, y aquí estoy. Voy a dar todo para que este país tenga el cambio que quiere la mayoría de los venezolanos.

sábado, 14 de mayo de 2016

¿Los venezolanos se acostumbraron a vivir mal?



El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) destaca que en los primeros dos meses del año se registraron 1.014 protestas y 64 saqueos en todo el país. La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, informa que su despacho investiga 74 casos de linchamientos que han cobrado la vida de 34 personas entre enero y abril. Y, todavía, hay gente que dice que en Venezuela “no pasa nada”.

“Tenemos un fantasma en la memoria que es el ‘Caracazo’”, comenta la psicólogo clínico Yorelis Acosta, investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela. Con el nombre de ‘Caracazo’ se conoce a las protestas violentas ocurridas entre febrero y marzo de 1989 contra el Gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, que dejaron centenares de muertos y desaparecidos.

Desde hace 27 años, el debate público venezolano ha estado marcado por aquellos acontecimientos y muchos esperan el advenimiento de un segundo ‘Caracazo’, más ahora que el país presenta los peores indicadores económicos y sociales de los últimos 50 años, con una tasa de inflación oficial que alcanzó 180,9% en 2015.

Sin embargo, Acosta cree que mientras los expertos discuten sobre la posibilidad de un gran reventón popular, en el terreno ya se suceden diariamente “mini-explosiones” que carecen de articulación pero demuestran la agudización del malestar general ante la crisis.

“Son dos tiempos no comparables, 1989 y 2016. Tenemos un Gobierno que muestra las garras, que reprime, pero pienso que ya estamos viviendo ese estallido. No podemos decir que los venezolanos nos hemos acostumbrado a esta situación”, advierte la académica, que sustenta su afirmación en el aumento de las protestas ciudadanas por la escasez de comida y los cortes eléctricos, entre otros males.

Acosta considera que en la actualidad se desarrolla un “nuevo formato de protestas”, menos multitudinarias, que tratan de evitar la violencia y se concentran en demandas particulares. “El Gobierno nos llevó a preocuparnos por las necesidades más básicas, retrocedimos en materia de civilidad”, subraya.

La irritación popular avanza sin conducción política ni organización. La profesora del Cendes estima que los partidos políticos de la Unidad Democrática deben remozar sus convocatorias para conectar con el sentimiento de las mayorías. “Hay un sufrimiento muy grande, es una tragedia en cámara lenta”, observa.

Paralizados

Para comprender el comportamiento del pueblo venezolano ante la llamada revolución “bolivariana”, el psicólogo Axel Capriles cita, precisamente, al Libertador en Angostura: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle (…)”.

“Si comparamos los niveles de vida entre la Venezuela de 1998 (antes del ascenso del chavismo) y la actual, es evidente que nos hemos adaptado poco a poco a situaciones que eran anteriormente impensables. No creo que nos hayamos resignado, en el sentido de que la mayor parte de la población repudia la situación actual y espera que el Gobierno y el país cambien, pero hemos sido, sin duda, sumamente pasivos”, analiza Capriles.

El autor de La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo y Las fantasías de Juan Bimba, aclara que “nuestra condición no difiere de las de otras naciones. Mientras más pobres y míseros son los pueblos, más dependientes son y más se someten al poder”.

Una expresión salta de boca en boca en las conversaciones entre los venezolanos: “¡este país no aguanta más!” ¿Será así? Capriles tiene esta respuesta: “La gente acumula humillaciones y penurias, y la olla de presión, por lo general, no estalla de manera autónoma. Lo que vemos en la historia de las revoluciones y alzamientos contra el poder, es que es preciso que exista un liderazgo político que de ilación política al descontento popular. Se requieren agitadores para movilizar a la gente hacia un objetivo político. Y en eso, el liderazgo de la oposición ha sido tremendamente complaciente, débil”.

El experto opina que la oposición venezolana “ha desaprovechado el altísimo nivel de descontento” que existe, y afirma que “si no hay canalización de la energía colectiva hacia un fin particular, el estallido popular será un acto invertebrado y deshilvanado”.

Bomba de tiempo

“Durante el dominio del comunismo en Europa del Este nadie podía imaginarse, para citar solo dos ejemplos, que gobiernos tan poderosos y represivos como los de Erich Honecker, Alemania Oriental, y el de Nicolae Ceausescu, Rumania, serían derrocados por unos pueblos que durante más de cuarenta años habían sido sometidos por los aparatos de seguridad del Estado policial que esos regímenes dictatoriales habían levantado”, recuerda el sociólogo Trino Márquez.

El doctor en Ciencias Sociales indica que tampoco nadie previó la irrupción del “Caracazo” en 1989. No obstante, insiste, las condiciones y los tiempos son distintos. “Quienes se montaron en la ola de violencia popular desatada en febrero del 89 formaban parte de algunos de los grupos y partidos que hoy se encuentran en el Gobierno. En aquel momento había en los anaqueles muchos productos que podían saquearse (ahora no); y, lo más importante, los dirigentes de la Unidad Democrática rechazan la violencia y propician una salida pacífica, democrática, electoral y constitucional a la crisis. En cambio, quien estimula la violencia por diferentes vías es el Gobierno”.

Márquez concluye que “en las condiciones actuales que vive Venezuela, no puede descartarse que se produzca eventualmente una explosión social de proporciones gigantescas. El pueblo no se ha habituado a vivir en medio de las restricciones impuestas por el régimen. De hecho, todos los días hay mini-estallidos: saqueos, asaltos de camiones cargados de víveres, peleas en las colas, cierre de calles y autopistas, y protestas de distintos tipos. Es imposible prever cuando esos mini-estallidos pueden transformarse en un macro-estallido”.